“La fotografía de calle es la expresión de una época y de un lugar”.

Reparar en lo cercano, pero mirándolo con nuevos ojos; explorar la ciudad, sin olvidarnos de los entornos no urbanos; también cultivar y practicar el arte de la paciencia, jugar con el azar, abrazar la espontaneidad y, ante todo, ordenar y componer, como en una partitura, para que el resultado “suene” visualmente bien. Y todo ello con una intencionalidad: sugerir, emocionar. Estos son los ejes principales del taller de fotografía urbana que Alberte Pereira y Marcelo Caballero impartieron en Vitoria-Gasteiz los días 9, 10 y 11 de septiembre.

El secreto es ponerle ganas

Como aperitivo a las dos jornadas prácticas de sábado y domingo, ambos fotógrafos ofrecieron el viernes una masterclass abierta al público en la Escuela de Artes y Oficios de la capital alavesa. En una sala abarrotada, Pereira y Caballero reivindicaron el papel de la fotografía de calle dentro del género documental ya que, subrayaron, retratar la calle y en lo que ella sucede nos da como resultado imágenes que son “una mezcla entre estética y documento, la expresión de una época y de un lugar”.

Hicieron hincapié, además, en la importancia de poner en valor los espacios no urbanos, como los pueblos, esa calle que no es ciudad, pero que es tan humana y tan llena de significado como la más bulliciosa de las urbes. Los pueblos de La Mancha retratados por Navia son tan “de calle” como el Nueva York de Winogrand y Meyerowitz. La mejor materia prima para un buen trabajo fotográfico no está a miles de kilómetros, ni en ningún lugar exótico, sino en nuestro entorno más cercano, en las cosas que nos son cotidianas.

Retratar la calle y en lo que ella sucede nos da como resultado imágenes que son “una mezcla entre estética y documento, la expresión de una época y de un lugar”.

© Alberte Pereira
© Alberte Pereira

Fue Alberte Pereira el primero en poner en valor nuestro ámbito más cercano como material idóneo de trabajo. Bajo el título “Fotografía de calle: algo más que el espacio urbano”, el fotógrafo gallego subrayó que, a la hora de salir con nuestra cámara no se desprecie el ámbito rural: “lo reivindico, porque soy de pueblo. La fotografía hecha en espacios no urbanos es menos estética y más documental, pero sigue siendo fotografía de calle”. Para Pereira, el mayor recurso del fotógrafo de calle es aquello que sucede en espacios públicos, sean urbanos o no, espacios donde se muestra la naturaleza humana “de una forma espontánea y en un escenario que no ha sido modificado”.


Fotografía de calle y en la calle.

Una de las primeras distinciones que se hicieron en la masterclass fue la sutil diferencia entre fotografía de calle y fotografía en la calle, términos que muchas veces se confunden y que, tal y como explicó Alberte, hacen referencia a cosas distintas: “En la fotografía de calle, el tema es la propia calle, espontánea y sin montajes ni consentimientos previos. Sin embargo, la fotografía en la calle se trabaja un tema determinado en un espacio público” en el que la calle es un mero marco, un escenario, y no un elemento con entidad propia. Según Pereira, Diane Arbus sería uno de los ejemplos más claros de fotógrafa en la calle.

Uno de los grandes retos del fotógrafo de calle es conseguir hacer llegar al espectador la autenticidad y la espontaneidad de la imagen que contempla, que no se sienta extraño a la imagen. Para ello es importante transmitir cercanía psicológica, y también física. “Me gusta estar cerca y meterme en la escena”, confiesa Alberte, “así, al resolver la imagen, el receptor se sentirá también dentro de la escena. Es el motivo por el que me gustan los angulares”.


Resolviendo problemas visuales

“Hacer una foto es intentar resolver un problema visual”. La premisa de José Manuel Navia fue el punto de partida de la reflexión de Marcelo Caballero, centrada en la composición y la intencionalidad.

Entender la fotografía de este modo, como problema visual, y no como algo que se caza al vuelo lleva, por ejemplo, fijarnos en algo que muchas veces pasamos por alto: las esquinas del encuadre. En fotografía, como en muchos otros ámbitos, no todo es centro, también hay periferia. Una mala periferia puede desequilibrar un conjunto tanto como un mal centro. Llegados a este punto, Marcelo insistió en que es, precisamente, “atendiendo a la organización de los bordes como se resuelven los problemas visuales”.

© Alberte Pereira
© Alberte Pereira

De ahí la importancia de “educar la mirada”, no sólo para acostumbrarse a mirar los bordes, sino para, por ejemplo, aprender a ver otras cosas aparentemente ocultas en aquello que nos es cotidiano. “Se trata, como dice mi amigo, el también fotógrafo Rafa Badia, de desrutinizar la mirada”, afirmó el argentino.

Ese concepto de desrutinizar la mirada, de quitarse el velo de lo cotidiano, es clave si tenemos en cuenta una idea que Marcelo y Alberte apuntaron en varias ocasiones: “la mejor fotografía se hace en ámbitos locales”. Ambos afirmaron con rotundidad que “el fotógrafo tiene que intentar trabajar en su entorno, ser localista, hay que buscar lo diferente en lo ordinario. De ahí salen los mejores trabajos”. En la mirada del buen fotógrafo, lo cercano se impone a lo lejano, siempre. Reducir todo a lo esencial. El famoso “menos es más” ocupa también un lugar importante en el ideario fotográfico .

Vivimos una época de consumo rápido y masivo de imágenes, los teléfonos móviles han democratizado la producción de fotografías como nunca antes. Es más difícil atrapar la atención de alguien y conseguir que se detenga durante unos segundos a contemplar una imagen.

Vivimos una época de consumo rápido y masivo de imágenes, los teléfonos móviles han democratizado la producción de fotografías como nunca antes. Es más difícil atrapar la atención de alguien y conseguir que se detenga durante unos segundos a contemplar una imagen. ¿Qué hacer en semejante contexto? Marcelo Caballero apostó por reducir todo a lo esencial, intentar otro tipo de planos que den potencia visual a la imagen y, sobre todo, por “centrarse en sugerir”.

La importancia de sugerir y no limitarse a mostrar fue también comentada por Alberte Pereira: “Una foto que sugiere nos invita a pararnos e investigar; una foto muy descriptiva, en cambio, la vemos en un segundo”. Las buenas fotos son originales, personales, atrapan la atención, provocan una emoción… No abundan porque cuesta hacerlas, requieren de tiempo, dedicación y paciencia. También es necesario un poquito de suerte, y que la inspiración, como decía Picasso, “nos pille trabajando”. Así, cada buena foto, por su excepcionalidad, es o debería ser una celebración, tal y como lo expresó Marcelo al final de su charla: “una foto buena en una semana es para estar contento; con dos, puedes invitar a tu mujer a comer; y con tres, llévala a un sitio caro y después a bailar”.

Texto: Leire Etxazarra
Lugar: Vitoria-Gasteiz