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Entrelíneas con Iván Barreiro

Defínete como fotógrafo.

Lo primero, cabría aquí resaltar que disfruto del acto de mirar y de ojear a través del visor de una cámara, a través de una lente. Me gusta observar lo que me rodea. Como fotógrafo me gusta el instante, el disparo a 1/1000 de segundo, agarrar las imágenes al vuelo y caminar, caminar y caminar. Siento especial predilección por salir a la calle a fotografiar.

Me muevo entre lo figurativo y lo abstracto, en ocasiones entremezclando los dos lenguajes. Necesito el movimiento, escuchar, oler, ver y, de vez en cuando, aminorar la marcha, pararme y esperar.

Fotografía de perfil de Iván Barreiro.

Cómo y por qué eliges este género fotográfico.

La calle es casi el primer impulso de muchos fotógrafos en sus inicios. Uno empieza registrando su ámbito más cercano, familiar; luego el ojo pide más y sentimos la necesidad de salir a explorar. Las calles se han registrado desde el comienzo de la fotografía. Pienso en Niepce y en Daguerre, la calle ya estaba ahí, la cámara ya apuntaba hacia ahí.

Sigo estimando la calle como contexto ideal. En ese marco encuentro lo que realmente me llama la atención, desde una escena o un gesto, a la impronta del tiempo y las gentes en el entorno.

Pienso en la calle en un sentido muy amplio; buena parte de mi trabajo aflora en el espacio urbano, esa fuente de recursos y variedad inagotables. Ser capaz de ver una fotografía en esa realidad mutable y conseguir captarla a 1/1000 de segundo se ha convertido en algo casi adictivo para mí. Respecto a las etiquetas, creo que nos acotan; considero que más que un género, he elegido una manera de fotografiar.

Me muevo entre lo figurativo y lo abstracto, en ocasiones entremezclando los dos lenguajes. Necesito el movimiento, escuchar, oler, ver y, de vez en cuando, aminorar la marcha, pararme y esperar.

Por otro lado, opino que trabajar a pie de calle agudiza nuestra percepción sobre lo que acontece en el entorno, posibilita comentar sobre diversas realidades y, a través del discurso fotográfico, concede la oportunidad de posicionarnos ante lo que nos rodea.

Una buena fotografía es… Quizás sea equívoco determinar unas pautas o patrones para calificar una fotografía como buena, esto dependerá de muchos factores. Y qué decir de la apreciación de una misma imagen para un espectador cultivado a la de otro espectador más ajeno a la cultura visual. Los ojos ven de distinta manera, el cerebro entiende de diferente modo. Lo compruebo en todos los talleres que imparto al mostrar el trabajo de Kertész, Cartier-Bresson, Brassäi, Winogrand con esos horizontes inclinados, o las imágenes de Capa sobre el desembarco de Normandía, esas fotos borrosas, esas fotos ligeramente desenfocadas. Incluso las imágenes del gran paisajista Ansel Adams provocan gestos de extrañeza. Cierto es que si registráramos algo absolutamente increíble y nunca antes fotografiado y dispusiésemos de esa imagen única, dicho documento entraría directamente en la categoría de buena fotografía, aspectos formales al margen.

Ahora bien, bajo mi criterio personal una buena fotografía es la que me produce una reacción, hablo de una reacción física. Ocurre con la literatura, con el cine, la música… Cuando veo las fotografías de Cartier-Bresson, sonrío y digo ¡que cabrón! Cuando veo las fotografías de Nachtwey, trago saliva y digo ¡que cabrón! Con una canción de Pink Floyd, por ejemplo, uno puede hasta llorar de emoción. Pues en la fotografía, lo mismo.

Ahora bien, bajo mi criterio personal una buena fotografía es la que me produce una reacción, hablo de una reacción física.

La fotografía que se me escapó… Para mí, el no conseguir la imagen física no me molesta en absoluto; no le doy mucha importancia al hecho de no conseguir una imagen en la cámara, a no tener un archivo raw o un negativo. Lo que me molesta realmente es no verlas, porque entonces no hay foto. A partir de ahí, si además puedo captarla con mi cámara, bienvenido sea.

Actualmente, parece que nos rodea la abrumadora imposición de conseguir imágenes, todas las que podamos. Sin embargo, creo que deberíamos reflexionar sobre qué es lo que nos gustaría ver en nuestras imágenes, qué es lo que realmente queremos contar. Me refiero igualmente a la importancia de meditar el proceso de selección y edición de nuestros trabajos. Ese tiempo necesario es un importante primer filtro.

Sin esa pausa entre la toma y la selección, plagamos las redes con cientos de miles de fotografías. Nos vemos absorbidos por los ritmos que parecen marcar internet y la sociedad de la inmediatez. Además, llegué a la conclusión de que el grueso de imágenes que consumimos a diario estaba dejando un poso contraproducente en mi imaginario, me bloqueaba. He dejado de ver tantas imágenes y de sobrecargarme de información. Ahora selecciono, en lo posible, lo que leo o lo que veo. He optado por disminuir el ruido visual. Medito más lo que quiero hacer, procuro tener más mimo con mis trabajos y dejo asomar mi manera de fotografiar; considero lo que me gustaría ver en el resultado y qué conexión tiene con mi manera de ser.

Actualmente, parece que nos rodea la abrumadora imposición de conseguir imágenes, todas las que podamos. Sin embargo, creo que deberíamos reflexionar sobre qué es lo que nos gustaría ver en nuestras imágenes, qué es lo que realmente queremos contar. Me refiero igualmente a la importancia de meditar el proceso de selección y edición de nuestros trabajos. Ese tiempo necesario es un importante primer filtro.

La mejor cámara para mi es… La que llevamos sobre los hombros; esa masa gris que hace que entendamos lo que nuestros ojos ven.
Creo que si no podemos ver sin la cámara, si no somos capaces de observar previamente, de nada servirá qué cámara llevemos encima. El instrumento ejecuta la idea, a veces podemos dejar que trabaje a su libre albedrío, pero al final siempre somos nosotros los que debemos decidir.
Simplemente busco que me dé una calidad aceptable, que sea cómoda y se adapte a mi manera de trabajar en la calle. Si cumple esas premisas, para mí es la mejor cámara.

En mi mochila llevo… Pues poca cosa. Cámara, baterías, una lente, tarjetas de memoria, agua, auriculares, reproductor de mp3 y un libro. Un bolígrafo y una libreta. Hay que ir ligeros, las jornadas en la calle son largas.

 

Fotografía © Iván Barreiro.
Fotografía © Iván Barreiro.

 

Tu fotografía o proyecto favorito.

Es complejo elegir una fotografía favorita, la verdad. Son muchas las que me gustan, pero sí hay una a la que le tengo especial cariño. La imagen recoge una estrecha rúa compostelana tomada en vertical desde la altura. A priori el día lluvioso no acompañaba. El punto de vista alto me gustaba pero no había más, sólo un punto de vista. Al poco comenzaron a asomar los vecinos resguardados con paraguas y ese tránsito empezó a resultar interesante. Gradualmente la imagen se fue formando; primero una persona solitaria, clic, después una al principio de la calle y otra al final, clic, de pronto la calle era una hilera de paseantes con paraguas abiertos. Disparé y la gente fue desapareciendo del encuadre. Duró un momento y la verdad es que no sabía si realmente había conseguido la fotografía.

De aquellas yo estaba trabajando con película así que, no podía ver lo que había hecho in situ, había que esperar. Transcurrió una semana hasta poder meterme en el laboratorio y revelar los negativos. Lo primero que busqué fue la fotografía de los paraguas. Me fijé en que no sólo había conseguido mi propósito, descubrí algo que ni siquiera había visto en el momento de la toma. El azar había entrado en juego y me regalaba una persona más acertando en la hilera de paraguas e introduciendo una nueva dirección en la imagen.

He pensado mucho en ese momento, en todas las circunstancias que se tuvieron que dar para hacer aquella fotografía, y en las conclusiones que saqué de aquel disparo. Se pueden hacer fotos con cualquier climatología, con cualquier luz. A menudo hay que pararse a pensar en lo que nos gustaría que pasara, en la imagen que queremos conseguir. Se debe esperar, ser pacientes, dejar que las cosas se vayan formando en el visor; el ejercicio es conseguir disparar en el momento justo, nuestro momento justo.

Respecto a la idea de hacer grandes viajes o de buscar nuevos destinos para refrescar la visión, aún considerándolos muy necesarios, opino que si no podemos ver en el entorno cotidiano en que nos movemos, el problema es nuestro y no del entorno.

A menudo hay que pararse a pensar en lo que nos gustaría que pasara, en la imagen que queremos conseguir. Se debe esperar, ser pacientes, dejar que las cosas se vayan formando en el visor; el ejercicio es conseguir disparar en el momento justo, nuestro momento justo.

Las primeras capas las captamos todos, a partir de ahí es cuando viene el verdadero trabajo: seguir escarbando, advertir esas capas que están veladas a simple vista. Aspectos técnicos como apagar la pantalla trasera de mi cámara, por ejemplo, y no ojear nada de lo que hago hasta volcar las fotos en el ordenador, o incluso hasta meses después, me deja más tiempo para fotografiar y, sobre todo, no me distrae de lo que tengo entre manos.

Igualmente permitir, sin valorar la toma in situ, que los errores, tanto técnicos como de encuadre, aparezcan en nuestras hojas de contacto virtuales. Creo que es una de las cosas de lo que más se aprende.

Por último, el azar juega un papel importante en la fotografía de calle. Quiero que forme parte de mis fotografías, por sí mismo o a veces forzándolo, al disparar cámara en mano sin mirar por el visor, por ejemplo.

La fotografía comentada forma parte de un proyecto en el que estoy trabajando actualmente y cuyo tema es la ciudad de Santiago de Compostela, localidad en la que vivo desde hace ocho años. Ahora mismo estoy en pleno proceso de edición, proceso que me gusta especialmente aunque es duro. La responsabilidad de descartar… cuesta.

 


Enlaces de Iván Barreiro

Web de Iván Barreiro: www.ivanbarreiro.com
Facebook: https://www.facebook.com/ivan.barreiro.fotografia

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